Boni de Castellane era, junto con el conde Robert de Montesquiou, una de las figuras dominantes de la Belle Époque. Célebre dandy, llevando uno de los más grandes nombres de la aristocracia francesa, es el rey de las elegancias, el príncipe de la moda y del buen gusto.
La boda de esta brillante encarnación del Viejo Mundo con la norteamericana Anna Gould, hija del rey de los ferrocarriles, tiene una repercusión increíble en los Estados Unidos y provoca en Francia, por largo tiempo, ríos de tinta y toda suerte de comentarios. Esta alianza aparece como un símbolo: Francia aporta su blasón y América su fortuna.
Boni, que tiene el arte de saber gastar a manos llenas pero con criterio, realiza entonces sus sueños más descabellados: insta a su esposa a comprar el castillo du Marais, joya arquitectónica del siglo XVIII; el castillo de Grignan, en ruinas, es nuevamente restaurado y, sobretodo, da cuerpo al famoso "Palacio Rosa". En el curso de suntuosas recepciones mundanas, reúne a todo el gotha europeo, desde Eduardo VII de Gran-Bretaña a Alfonso XIII de España, desfilan por su palacio. Temporadas en Cannes, en Monte-Carlo, en San-Petersburgo, cruceros en las costas del Báltico y de Rusia, cacerías, colecciones fastuosas conforman un brillante y dispendioso tren de vida. Simultáneamente, entre 1898 y 1910, Boni toma asiento en la Cámara de los Diputados. Es un diputado avezado, con proyectos originales en materia de política exterior.
De repente, la fortuna le abandona: Anna Gould pide el divorcio para casarse con el Duque de Talleyrand-Périgord, primo de Boni. Es la ruina. Asediado por sus acreedores, Boni de Castellane, con 39 años de edad, debe aprender a trabajar y ganarse la vida. Se convierte en periodista, luego en anticuario; pero es con elegancia que se adapta a su nueva situación; porque es básicamente un buen hombre, de espíritu jovial y dinámico, con gran sentido del humor, sustentado por su fe y su amor a sus hijos, Boni de Castellane consigue superar el bache y sobrevivir. Llegaría a publicar sus recuerdos en 1924-1925 en dos volúmenes bien diferenciados: "Cómo descubrí América" y "El Arte de ser pobre".